sábado, 28 de noviembre de 2015

Mamíferos Mexicanos en Peligro de Extinción

Resumen:
Basándonos en la Norma Oficial Mexicana 059 de SEMARNAT, que establece los parámetros para considerar a una especie dentro de las diferentes categorías de riesgo, podemos encontramos que actualmente más de la mitad de las especies de mamíferos silvestres que viven en México son reconocidos en algún nivel de peligro de extinción. La mayoría de las especies de mamíferos mexicanos la componen los pequeños, como roedores y murciélagos. Éstos, al igual que otros animales de pequeña talla, se encuentran en peligro de extinción por la destrucción masiva que se está haciendo de los hábitats naturales. Es imposible hacer un recuento detallado de las causas y situaciones de peligro de todos los mamíferos, pero presentamos datos sobre dos grupos importantes y poco conocidos: los mamíferos marinos y los grandes carnívoros, los cuales son dos grupos particularmente vulnerables por distintas razones. Palabras clave: mamíferos en peligro, cetáceos, pinnípedos, grandes carnívoros, causas de riesgo.

Introducción:
Desafortunadamente, al comenzar el siglo XXI la mayoría de las especies mexicanas de mamíferos pueden considerarse en peligro de extinción, amenazadas o al menos con problemas de conservación. Esto se debe a la gran devastación que hemos hecho de bosques, selvas, desiertos, arroyos, playas, mares, etcétera, en los que, aún sin intención, hemos destruido los hábitats de un gran número de especies. La Norma oficial mexicana (NOM-059-2001-SEMARNAT) proporciona una lista de 295 especies y subespecies de mamíferos en alguna categoría de riesgo. Cervantes et al. (2003) menciona 450 especies de mamíferos terrestres, y Ceballos y Oliva (2005) reportan 525 especies, reconociendo 230 especies mexicanas en riesgo. Cualquiera de los datos que tomemos nos dice que aproximadamente la mitad de las especies de mamíferos mexicanos tienen algún tipo de amenaza para su conservación. Esto es sumamente grave, ya que de no darse un cambio en las estrategias de desarrollo, toda esta riqueza se podría perder en muy poco tiempo. Desde endentados (Orden Xenarthra) como los armadillos, hasta cetáceos (ballenas), México es rico en mastofauna. Si bien por número de especies destacan los roedores (ratones) y quirópteros (murciélagos), en nuestro territorio habita una gran diversidad de animales que toman leche al nacer. En la biodiversidad de grupos de mamíferos encontramos, además de los ya mencionados, a los marsupiales (tlacuaches), pinnípedos (focas y leones marinos), lagomorfos (conejos y liebres), ungulados (venados), perisodáctilos (pecarís), insectívoros (musarañas) y los muy especiales sirénidos (manatíes). Lamentablemente en todos estos grupos encontramos especies en peligro de extinción o gravemente amenazadas.
 Causas generales:
 A pesar de que resulta muy difícil englobar las causas de desaparición de las especies, podemos decir que en la mayoría de ellas se debe a la destrucción del hábitat en nuestro país. México tiene influencia tanto del norte como del sur. Esto hace que se encuentre entre los cinco países megadiversos del planeta; sin embargo, debido a muchos factores estamos deteriorando seriamente las selvas del sur, al igual que los bosques y pastizales del norte, incluyendo por supuesto playas, manglares, etcétera, reduciendo así la capacidad de los animales por encontrar sitios adecuados para su sobrevivencia y reproducción. La cacería ilegal sigue siendo un grave problema: la falta de regulaciones efectivas e incentivos, propician que muchos pobladores salgan a cazar sin una regulación de temporada, época reproductiva, etcétera. Muchos aún justifican en la caza de subsistencia las cacerías sin control ni beneficio para las poblaciones. Por otra parte, aún persisten también algunas cacerías con fines religiosos. Si bien es innegable que poco a poco ha habido un cambio, en parte por contar con leyes más estrictas como la ley de equilibrio ecológico, apoyadas por convenios internacionales como el Convenio Internacional de Comercio de Especies (CITES) o simplemente porque la defaunación ha hecho cada vez más difícil encontrar piezas, aún falta mucho para regular esta actividad. Así, la mayoría de las especies en peligro de extinción o amenazadas tienen esta condición porque sus hábitats específicos están desapareciendo. Para muchas de ellas esto se debe a que tienen en sí poblaciones pequeñas, adaptadas a condiciones muy particulares en la gran cantidad de microambientes que se forman en el territorio nacional, gracias a que éste se encuentra en una zona de transición sur-norte.
Grupos particulares:
 La gran mayoría de los pequeños mamíferos (roedores, quirópteros, pequeños carnívoros, etcétera) ven en la destrucción de su hábitat la principal causa de su desaparición; sin embargo, es importante destacar dos grupos, que no son los más numerosos pero sí importantes por las interacciones que tienen con el ser humano y la poca atención que se les ha prestado en sus problemáticas de conservación: los mamíferos marinos y los grandes carnívoros.
Mamíferos marinos:
En nuestro país están presentes prácticamente todas las familias de cetáceos, excepto los delfines de río como el del Amazonas, la súper familia Platanistoidea; la beluga y el narval, Monodontidae, y la ballena franca enana, la única de la familia Neobalaenidae. En cuanto a los pinnípedos, de las tres familias sólo falta la de las morsas, Odobenidae. Sin embargo, es interesante notar que la costa occidental de Baja California fue escenario para la evolución de las morsas, pues allí se han encontrado fósiles de estos organismos. En la familia Balanopteride (verdaderas ballenas) la NOM reconoce 7 especies, 6 de las cuales están bajo el régimen de protección especial y una en peligro; 18 miembros de la familia Delphnidae (delfines y orcas); 2 de la familia Keogidae (Cachalotes); 2 de la familia Phocoenidae (marsopas), entre ellas la vaquita marina, y, finalmente, 5 de la familia Zifinidae (ballenas picudas). Prácticamente todas estas familias están bajo protección especial, porque la gran mayoría de las especies de cetáceos usan las aguas mexicanas como lugar de procreación. Casi todas las especies, además, han sufrido cacerías intensivas, en su mayoría fuera de las aguas mexicanas y tienen bajas tasas reproductivas. Estos estatus de protección corresponden frecuentemente a acuerdos internacionales. Un caso especial son los delfines y las marsopas, como la vaquita marina, frecuentemente atrapados en redes de pescadores en las que perecen por asfixia. Los pinnípedos (focas y lobos marinos), que habitan sobre todo en las costas de la península de Baja california, ven afectadas sus poblaciones por diferentes causas, como son la destrucción de sus hábitats, pues muchas de las playas se están transformado rápidamente en destinos turísticos, o bien se ven influenciados por éstos, por lo que los animales ya no encuentran en esas playas sitios a salvo para la procreación. La contaminación de los mares y las malas prácticas de pesca también son factores para la desaparición de estas especies. Dos miembros de la familia Otaridae, el lobo marino de california y la foca de Guadalupe, aparecen en la Norma, el primero bajo protección especial y el segundo, en peligro. La familia Phocidae, del elefante marino (Mirounga angustirostris), aparece como amenazada; la foca común (Phoca vitulina), está bajo protección especial, y la foca monje del Caribe (Monachus tropicales), aparece como extirpada del medio silvestre.
Los grandes carnívoros:
México presenta una gama de carnívoros dentro de su mastofauna nativa. Tenemos varios representantes de los carnívoros, los cuales podemos dividir, arbitrariamente, en dos grupos: los pequeños carnívoros, dentro de los que encontramos a los zorrillos, las comadrejas, los cacomixtles, etcétera. Éstos se encuentran en peligro de extinción, principalmente por la destrucción de su hábitat, o bien por la caza directa; sin embargo, en la mayoría de los casos estos animales tienen tasas de reproducción relativamente altas, que les permiten sobrevivir aún en zonas con alta presión humana, en pequeñas áreas naturales. Estos micro-carnívoros consumen en su mayoría insectos, aves, reptiles o algunos mamíferos de menor tamaño. Cuando llegan a tener interacción con el hombre, normalmente es porque consumen huevos, gallinas o pollos, ocasionando pérdidas económicas a los campesinos de escasos recursos económicos, aunque el daño no es importante en términos económicos. El otro grupo de carnívoros importante en México es el de los denominados megacarnívoros o carnívoros de gran tamaño. Estos mega-carnívoros suelen tener mayor cantidad de encuentros con el hombre y su condición de consumidores de carne hace que frecuentemente esas interacciones entren en el plano de los conflictos, ya que actúan en mayor grado con el ganado doméstico y muy escasamente causan la muerte directa de los seres humanos. Estos conflictos se ven incrementados en número e intensidad por la destrucción de los hábitats nativos y por la destrucción consecuente de las presas tradicionales de los mega depredadores, por lo que la caza ilegal (en ocasiones promovida por los gobiernos) ha sido un factor importante para que en la actualidad los grandes carnívoros mexicanos estén en gravísimo peligro de extinción, a pesar de que muchos de ellos deberían ser motivo de orgullo nacional.
Felinos:
De los seis felinos silvestres (Cervantes et al. 2003) que habitan el territorio nacional, el más conocido es el Jaguar (Panthera onca). Esta especie de origen tropical ha sido reconocida como el más poderoso de los depredadores, de ahí que los antiguos pueblos mesoamericanos dieran gran importancia a su presencia (Armella et al, en prensa). Este bello animal se distribuía en todas las zonas tropicales de México. Aunque actualmente se ha encontrado en todo el sureste, principalmente en Chiapas, Quintana Roo y Tabasco, se le ha localizado en estados del norte como Sinaloa, mientras que en el Golfo se han reportado jaguares casi hasta la frontera con Estados Unidos y es posible que entren en ese país. Como en el caso de muchos otros felinos, no se conoce realmente la situación real del estado de conservación de esta especie, entre otras causas porque, como todos los felinos americanos, es solitario y tiene hábitos nocturnos, además de ser sigiloso por naturaleza. Gracias a esto prácticamente se conocen los ejemplares que interactúan con el hombre, desgraciadamente casi siempre de manera negativa. Si bien el jaguar fue cazado extensivamente por su piel, las fuertes regulaciones tanto nacionales como internacionales, acerca del comercio de pieles, han tenido un impacto positivo en la disminución de la caza furtiva. Sin embargo, la cacería ilegal aún se presenta pretextando la depredación que causan o pueden causar sobre el ganado. El Puma (Felis concolor) es un felino que habita en los bosques del norte del país, de donde es originario, y ha migrado hasta el sur del continente. Siendo la única especie, la falta de hábitat ha hecho que las pequeñas poblaciones que aún existen emigren hacia hábitats más tropicales. Su situación es quizá más desconocida que la del Jaguar. Es la única especie de los felinos que no aparece en la norma oficial bajo ninguna condición de riesgo. Para la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, esta especie es considerada como de “ultima preocupación” (least concern), lo que quiere decir que no se encuentra en grave situación de conservación, debido principalmente a su amplio rango de distribución, aunque es importante hacer un seguimiento de sus poblaciones. De los pequeños félidos el jaguarundi (Herpailurus jaguarundi) es la especie que se encuentra en mayor peligro de extinción. Es reconocida como amenazada, a pesar de que como especie tiene una distribución que abarca el sur de estados Unidos (Texas, Arizona y Florida) y llega hasta el sur del continente. Por ser de tamaño pequeño su alimentación se restringe a vertebrados chicos, y debido a sus hábitos de vida al interior de las selvas húmedas, es poca su interacción con el ser humano. Los dos pequeños gatos manchados: el magray (Leopardos weddii) y el ocelote (Leopardus pardalis), están en la característica de en peligro. Estos animales, que no rebasan los 10 kg de peso, viven en las zonas selváticas, desde el sur del país hasta Sudamérica. Son perseguidos por sus pieles, aunque, como en el caso del jaguar, este comercio ha disminuido. Al igual que los otros gatos, sus hábitos nocturnos y su hábitat al interior de las selvas hacen muy complicado dar un reporte confiable de la condición de sus poblaciones (Ceballos y Oliva, 2005) El lince o gato montés (Lynx rufus) no aparece en la lista de la Norma oficial Mexicana. Su presencia en México suele ser confundida con los gatos ferales, gatos domésticos que por su tamaño y coloración abandonan el entorno humano para convertirse en silvestres. De ahí que existan pocos reportes sobre la especie, a pesar de no encontrarse “oficialmente” en peligro. Debido a la disminución de su hábitat natural y la presencia misma de gatos domésticos con los que esta especie puede entrecruzarse, en algún momento puede desaparecer.
Osos:
Otro grupo importante de grandes carnívoros es el de los osos. En México alguna vez habitaron las dos especies de grandes Ursidos Americanos: el Grisli (Ursus arctos) y el Oso Negro (Ursus americanus). El primero aparece en la NOM-059 con el estatus de extirpado del medio natural. En México no se conoce la presencia de esta especie desde los años sesenta del siglo XX. La subespecie que habitaba en nuestro país era el Ursos arctos nelsoni, cuyas descripciones indican que era enorme, pues alcanzaba hasta 1.90 m de alto, parado en dos patas, y más de 300 kg de peso. La principal razón de su desaparición fue la cacería indiscriminada, aunada a su bajo potencial reproductivo. Por ser un carnívoro cazador se le atribuyó la destrucción de ganado en el norte de México. La especie que se mantiene en México es el Oso Negro. También es carnívoro y se sabe que puede cazar y depredar ganado. La mayoría de sus hábitos alimenticios incluyen bayas, frutos y varios vegetales, por lo que es percibido como una amenaza menor para la población humana. En la norma oficial mexicana esta especie figura como “en peligro y en la modificación que se hizo en el 2008, se reconoce a la población que habita en la Sierra del Burro, en Coahuila, como de protección especial. Encontrarse esta especie en el apéndice II del CITES (Convenio Internacional de Comercio de Especies) indica que puede ser objeto de cierto nivel de comercio, ya que en Norteamérica existen poblaciones importantes en el medio silvestre, lo que significa que la especie no está en grave peligro a nivel mundial. A pesar de esto la especie está considerada dentro de los programas de protección especial del convenio Canadá-Estados Unidos-México para su protección. Recientemente varios indicios permiten suponer que esta especie puede estar presentando un regreso importante (Doan-Crider y Hewitt, 2005), particularmente en el norte del estado de Coahuila, en la llamada Sierra del Burro. Resulta interesante lo reportado por DoanCrider (2002), en el sentido de que ganaderos privados permitieron la presencia de osos en sus ranchos. Al unir sus tierras crearon una superficie lo suficientemente amplia para que esta especie se reproduzca e, incluso, sirva de apoyo genético a las poblaciones del Parque Big Bend, en Texas. Es por esto que la NOM-059 resalta el valor específico de esta población.
Cánidos:
La familia de los cánidos es la tercera de los grandes depredadores. Cervantes et al. Reconocen cuatro especies de esta familia: el coyote (Canis latrans) y la zorra gris (Urocyon cineroargentatus) no están considerados en peligro por la NOM-059-2001. Son especies muy adaptables y esquivas, con altos potenciales reproductivos y omnívoros, por lo que pueden comer prácticamente lo que sea. Dos especies más de la familia cánide sí aparecen en la Norma: la zorra del desierto (Vulpes velox), de la cual se reportan 6 subespecies, todas bajo el criterio de amenazadas. Su distribución reducida, tamaño pequeño y hábitat específico, hacen que esta especie esté en peligro de extinción. El lobo mexicano es el último de los grandes carnívoros que está considerado por la NOM- 059 como extirpado del medio natural. Los últimos ejemplares de que se tenga evidencia científica, fueron capturados a finales de la década de los setenta en Durango y Chihuahua. Desde entonces los escasos reportes de aullidos o avistamientos no han podido ser comprobados. Esta especie, quizá la más carismática de todos los mamíferos, tiene una subespecie prácticamente exclusiva de México: el lobo mexicano (Canis lupus baileyi), que se encuentra en estado de conservación. Actualmente la SEMARNAT (2009) la tiene como una de las especies prioritarias para la conservación. Tiene un plan piloto para reintroducir un número limitado de ejemplares en el noroeste del país, en las zonas altas de la Sierra Madre Occidental, que permita recrear uno de los ecosistemas de esta zona del país. Como ninguna otra de las especies mencionadas, el lobo mexicano tiene una historia de recuperación que demuestra que el trabajo decidido y en conjunto da resultados importantes. A partir de sólo cinco lobos capturados, más unos cuantos más que se encontraban en un rancho texano y algunos albergados en el zoológico de San Juan de Aragón, se cuenta ahora con más de 300 en zoológicos de México y Estados Unidos. El proyecto tenía el objetivo de reestablecer al menos una población de esta especie en su área original de distribución (Álvarez, et al., 2003). El lobo, como ninguna otra especie de mamífero, fue perseguido, cazado, envenenado y exterminado en México, principalmente por la depredación que causó está muy adaptable especie sobre el ganado ovino, vacuno y caballar, además de ser la causante, como se le atribuyó, de la diseminación de la rabia entre los perros domésticos (González et al. 2004). Los esfuerzos por su recuperación se vuelven todavía más importantes ante el cambio de actitud para reconocer que su desaparición, como la de cualquier otra especie, es una pérdida irremediable, mientras que los programas para recuperar ésta se hacen necesarios. El ejemplo del lobo mexicano puede ser seguido para otras especies como el oso y el jaguar, que si bien sus poblaciones no se han reducido tanto como las del lobo, sí han visto mermadas las áreas en las que antes era común observarlos.
Conclusiones:
En general, debido a lo complicada que es la conservación de los mamíferos en México en los albores del siglo XXI; el incremento en la población humana, y la destrucción intensiva de las zonas naturales, en gran medida por problemas de corrupción y la falta de compromiso con la naturaleza, se reducen cada vez más los hábitats en que viven los mamíferos silvestres grandes y pequeños. Si bien el cambio de actitud mostrado por algunas autoridades y la existencia de leyes e instrumentos jurídicos cada vez más estrictos, permiten albergar la esperanza de que muchas de las especies encontrarán refugio para estar a salvo y sobre vivir, es claro que solamente a través de la educación ambiental de la población; la generación de opciones productivas como el ecoturismo, y los aprovechamientos sostenibles, se encontrarán estos sitios de manera más sencilla. Los mamíferos siempre serán una parte importante en la ecología de los ecosistemas que habitan, pero por su cercanía biológica con el ser humano también serán un importante atractivo para fomentar actividades de interés ambiental, basadas en la observación, la escucha y la interacción con estos maravillosos animales.
Bibliografía:
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Reflexión:
Hace un poco más de cinco décadas los naturalistas comenzaron a emplear el concepto de “extinción” y éste empezó a hacerse cada vez más popular para designar un fenómeno que la actividad humana estaba provocando en todo el planeta: la desaparición de especies de la flora y la fauna silvestres. La expansión constante del humano sobre la naturaleza, origina la destrucción de la cadena alimenticia animal, desequilibrando el status quo de las especies, inclusive al humano, quien subsiste gracias a la madre naturaleza, al igual que todas las especies, con diferencia de que la nuestra, es la única que daña al ambiente.
La extinción de los animales y el peligro de extinción de los animales es un problema que tenemos que solucionar para lograr mantener las especies animales para futuras generaciones 
La vida silvestre es un claro ejemplo de la estrecha relación entre cada uno de los componentes de un ecosistema, ya que la eliminación de cualquier especie acaba provocando el desequilibrio de los ecosistemas y la destrucción de fuentes de investigación científica. Por eso es necesario cuidar y respetar nuestro planeta y a todos sus habitantes.
El interés de escoger este tema surge por la curiosidad de conocer con cuales especies animales estamos acabando en México. Así  tratar de ayudar un poco de la manera que esté a nuestro alcance por ejemplo con la difusión de la especies en riesgo de desaparecer, porque quizá nosotros no matamos a ninguna especie directamente y con la divulgación de este tema se pretende que llegue a personas que si matan especies en peligro sin saber lo que están ocasionando.  Este articulo trata de hacer conciencia que es lo que puede pasar en un futuro si alguna especie pasa de estar en peligro de extinción a extinto.

Animales extintos en México.
Roberto G. de la Maza E.*
*Asesor del Instituto Nacional de Ecología. Av. Revolución 1425, nivel
37, Col. Tlacopac, México, D.F., C.P. 01040, Tel:624-35-61

De la Maza describe algunos de los animales que han desaparecido de nuestro territorio, principalmente en lo que va del siglo, y recupera también la descripción de Clavijero sobre la extinción en el siglo XVI.
La desaparición de formas de vida es un hecho que se presenta paulatinamente a lo largo de la historia y que se asocia a la misma dinámica que nuestro planeta ha tenido a lo largo de su evolución. Las causas que desencadenan la extinción de una especie son muy variadas, pero podemos mencionar algunas que ya están sido identificadas y en proceso de estudio.

Uno de los principales factores de extinción consiste en que las condiciones que permiten la vida de una o varias especies se modifican, como ocurrió en nuestro país hace aproximadamente siete mil años, cuando las lujuriosas praderas que existían en el Altiplano fueron sustituidas por desiertos al entrar el período Xerotérmico. De esta manera, desaparecieron las praderas con todas sus especies vegetales y arrastraron a la extinción a una multitud de grandes herbívoros asociados: mamuts, mastodontes, camellos, armadillos gigantes, caballos y llamas. Al desaparecer los herbívoros, los grandes depredadores que dependían de su carne también entraron en crisis y se extinguieron: entre ellos tigres-sable, varias especies de lobo y chitas americanos.

Otro factor importante consiste en la depredación selectiva que una especie dominante realice sobre otras. De esta manera, entre el siglo XVI y el siglo XIX, muchas especies de herbívoros de las praderas, que habían resistido la crisis Xerotérmica se vieron presionados por la cacería que los habitantes de nuestro país practicaron sobre sus abundantísimas poblaciones y, ahora, están prácticamente reducidos a poblaciones inviables. Así, tenemos a los berrendos cuya población sumando las tres razas que sobreviven en Baja California, Sonora y Chihuahua, no sobrepasa los quinientos ejemplares.

Por una retrospectiva sobre la escasa información que se tiene de animales extintos en México, podemos ver que los primeros testimonios vivos nos los ha legado el ilustre Francisco Javier Clavijero. Desgraciadamente, estos animales fueron exterminados antes que Linneo iniciara con la sistemática investigación, por lo que carecen de nombre científico; y su estatus, así como su posición taxonómica, será siempre un misterio. El primero de ellos es difícil de definir; el segundo, parece ser una raza de perro.


"Techichi" :

"...era un cuadrúpedo que había en México el cual por su figura, semejante a la de los gozques europeos, llamaron perro los españoles. Era de aspecto triste; no ladraba jamás ni se quejaba aunque lo aporreasen. Su carne era comestible, y si creemos a los que la gustaron, de buen sabor y nutrimento. Después de la conquista de México, faltando a los españoles ganado de cuya carne se alimentaban, hicieron de aquellos cuadrúpedos el abasto de sus carnicerías, con lo cual acabaron con la especie, a pesar de ser muy numerosa".


"Izcuintepozotli" :

"...era de la grandeza de un perrillo de Malta, cuya piel era variada de leonado, blanco y negro. Su cabeza pequeña a proporción del cuerpo y que parecía unida a él inmediatamente por la suma pequeñez y grosura de su cuello. Sus ojos apacibles, sus orejas caídas y su nariz con una considerable prominencia en el medio. Desde el cuello se le levantaba una corcova, que se extendía hasta sus ancas. Su cola era tan pequeña que apenas alcanzaba a la mitad de las piernas. El país propio de este animal era el reino de Michoacán, en donde lo llamaban "abora"...". El autor indica que difería del "xoloitzcuintli" por ser mucho más pequeño y por tener pelaje; y que, para fines del siglo XVIII casi se había acabado, pero no menciona nada acerca de la causa de su desaparición.

Entre los investigadores actuales continua el registro de especies que desaparecen de nuestro país, aunque sus datos y descripciones no son tan coloridas como las de Clavijero. La situación no deja de ser dramática.


Lobo mexicano del Noreste (Canis lupus monstrabilis):

Esta subespecie de lobo se encontraba en Tamaulipas y Nuevo León, en la zona semidesértica del plano costero y las sierras y serranías. Su extinción se debió a la implacable cacería y trampeo a la que fue sometido debido a que atacaba los hatos ganaderos.


Foca monge del Caribe: (Monachus tropicalis):

Se encontraba en el Golfo de México en los cayos, arrecifes y lagunas costeras, en el siglo XVI Hernán Cortés la refiere como una especie común. Su extinción se debió a que, a partir de un naufragio ocurrido durante la conquista del reino de Pánuco en 1523 , los marinos que hacían expedición por la costa del Golfo las cazaron, para aprovisionarse de carne y grasa, hasta exterminarlas. El último lugar en donde se registraba esta especie era el arrecife de Triángulos en Yucatán. Ahora sólo nos queda el nombre de "Isla de Lobos" en las cercanías de la Laguna de Tamiahua como testimonio de su existencia.


Cóndor Norteño (Gymnogyps californianus):

Esta majestuosa ave se encontraba en las montañas del norte de Baja California. La especie se halla hoy en inminente peligro de extinción, pues aun en California su población es mínima.


Carpintero imperial (Campephilus imperialis):

Este pájaro carpintero se hallaba ampliamente distribuido en los bosques de pino desde Sonora y Chihuahua hasta Michoacán. No se ha vuelto a encontrar. Héctor Gómez de Silva indica que los ornitólogos tienen la hipótesis de que esta especie dependía para su subsistencia de los árboles más altos y viejos de los bosques, mismos que fueron los primeros en ser aprovechados por la extracción forestal. Al exterminarse los árboles viejos y corpulentos de su área de distribución el nicho ecológico del que dependía esta ave desapareció junto con la especie.


Zanate de Lerma (Quiscalus palustris):

Esta era una especie de ave endémica y restringida a la Ciénega de Lerma, en el Valle de Toluca, Estado de México. Su extinción se debió al crecimiento de la ciudad de México, ya que al utilizarse el agua de los manantiales del río Lerma para atender la demanda de agua potable de su población las áreas lacustres, pantanos y Ciénegas desaparecieron paulatinamente, y con ellos, esta ave. Anea de Schaus (Memphis schausiana):

Especie de mariposa diurna que sólo se conoce debido a unos cuántos ejemplares que fueron colectados por W. Schaus en las cercanías de Coatepec, Veracruz, a fines del siglo XIX. Era grande, la superficie dorsal negra con campos azul/violeta plomizos y colas en el ala posterior. Ha sido buscada vanamente por coleccionistas y científicos a lo largo del presente siglo, no sólo en la región de Coatepec, sino a lo largo de toda la Sierra Madre Oriental. No se conoce la causa de su aparente extinción, pero pudiera haber influido la erradicación de los bosques mesófilos de la región para el establecimiento de cafetales.

Sólo quedan el material tipo, depositado en el Museo Británico, y una pareja, procedente de la colección Mueller, en el Museo Nacional de Historia Natural.

La extinción se acrecienta en los períodos críticos que anteceden a cambios drásticos en el destino de la vida en la Tierra. Así, se han reconocido dos grandes épocas de crisis; la Permo- Triásica, que cambió el rumbo de un planeta dominado por anfibios hacia otro dominado por dinosaurios; y la Cretácica, que cambió el dominio de los anteriores por un mundo de aves y mamíferos.

Actualmente, debido al dominio que una sola especie (la humana) está imprimiendo sobre la faz del planeta, estamos enfrentando una nueva crisis que, vista desde una óptica optimista, sólo puede significar un nuevo cambio en las formas de vida que utilizaran el planeta en el futuro; pero, habría que cuestionarse, ya que el hombre es un producto del conjunto de condiciones y organismos a los que su población y actividades están presionando y extinguiendo, si nuestra especie tendrá lugar dentro de las condiciones resultantes de la crisis que provocamos.

Los sobrevivientes de nuestra irresponsabilidad se dejan ver en forma no tan velada y son, precisamente, las especies que han sabido eludir las estrategias de exterminio que, consciente o inconscientemente, practicamos contra el resto de los seres vivos. Así, podríamos aventurar que si el cataclismo biológico llegara a ocurrir, los próximos habitantes saldrían a campear por el mundo de nuestras casas, campos de cultivo, bodegas, drenajes y mercados. No sería remoto que la vida se continuara por medio de cucarachas, ratas y ratones y todas las malezas que han desarrollado estrategias para vivir subrepticiamente a nuestro lado.


Literatura consultada

Clavijero, F. J., 1980 (orig.1780). Historia Antigua de México, 7a edición. Editorial Porrúa, México, pp. 23-25.

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